El sueño se modifica con la edad, tanto en cuanto al número de horas dormidas, es decir, la cantidad, como en su calidad, donde se encuentran las diferencias más importantes.
Mientras dormimos, la actividad cerebral va pasando por una serie de fases que se suceden de forma regular en ciclos de unos 90 minutos, ciclos que se repiten unas cuatro o cinco veces en toda la noche. Estas fases van desde un sueño ligero a uno profundo, aquel que proporciona la sensación de haber tenido un descanso realmente reparador.
En la persona adulta suelen producirse también un par de despertares por noche, aunque de muy corta duración y, en muchas ocasiones, imperceptibles para quien duerme, ya que suelen coincidir con momentos en que se cambia de posición.