Actualmente disponemos de medicamentos eficaces para curar muchas, por no decir casi todas, las enfermedades infecciosas, pero corremos el riesgo de perder estos valiosos medicamentos y la oportunidad de llegar a controlar alguna de estas mismas enfermedades como consecuencia de su resistencia.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha alertado sobre la progresiva pérdida de actividad de medicamentos que en su momento fueron o incluso siguen siendo eficaces. En los países desarrollados, los más ancianos aún pueden referirnos cómo enfermedades como la tos ferina, la gripe o la difteria ocasionaron la defunción de algún familiar o conocido. Aún hoy, en muchos países en desarrollo, una infección banal, que aquí se superaría sin dificultad, puede conducir a la muerte.