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Las
molestias del prurito o picor
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El
picor es uno de los síntomas más frecuentes
en alteraciones de la piel, pero también puede aparecer en otras enfermedades.
Es una sensación desagradable que se alivia rascando la misma piel. Sucede
que con el rascado excesivo se produce mayor
irritación y heridas superficiales que a su vez pueden infectarse.
Es
una sensación distinta del dolor, pero que parece compartir con él vías
de transmisión del estímulo, sin que se conozcan con certeza todos los
mecanismos implicados. De hecho, el picor es una respuesta de nuestro
cuerpo cuando existe una alergia, ya sea a un medicamento, un alimento,
una planta o una picadura de insecto. Algunas
causas del picor son obvias, como
es el caso de las picaduras de insectos
o las quemaduras solares, pero es
también síntoma de enfermedades
dermatológicas como la soriasis, la dermatitis atópica,
el eccema, la caspa o la piel seca. Aparece igualmente en infecciones,
como el denominado pie de atleta, y en infestaciones,
como la sarna o los piojos. El
prurito puede presentarse en todo el cuerpo
o únicamente en
un área limitada. El prurito localizado suele ser causado
por picaduras de insectos, irritación por contacto con distintos productos
químicos o plantas como la ortiga. El prurito más generalizado
suele ser consecuencia de reacciones alérgicas
o enfermedades renales o hepáticas. Asimismo,
también algunos medicamentos pueden
desencadenar picor como efecto secundario
no deseado, que, sin ser grave, puede impedir la continuación del
tratamiento. En
los casos en que sea fácil deducir la causa del prurito (por ejemplo,
en picaduras de insectos, ortigas...), en primer lugar se eliminará ésta
y se procederá a aplicar un tratamiento
contra los síntomas, con fármacos antipruriginosos
o corticoides de baja potencia. El prurito recurrente, generalizado
o sin causa obvia necesitará examen médico tan pronto como sea posible,
para determinar la condición o enfermedad que lo origina. En este caso,
se instaurará el tratamiento correspondiente a la patología causante y
se controlarán los síntomas con medicamentos antipruriginosos, corticoides
y/o calmantes. Además,
también es muy común el picor asociado
a la sequedad de la piel, especialmente en personas
de edad avanzada. Esta situación se presenta con mayor frecuencia en invierno,
por el aire frío y la disminución de la humedad en los recintos interiores
con calefacción. En estos casos, la piel pierde humedad y puede irritarse
e inflamarse. Se recomienda mantener
la humectación de la piel. Los baños de avena también
ayudan a suavizarla. Si la sequedad persiste a pesar del tratamiento,
o si se desarrollan nuevos síntomas, se deberá acudir al dermatólogo para
un diagnóstico adecuado. |
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Consejos:
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Autora:
Dra. Núria Casamitjana. |