|
|
El
herpes labial, cómo convivir con esta molestia habitual |
|||
|
|
El herpes simple labial es una infección vírica caracterizada por la aparición, en primer lugar, de una fase previa con sensación de picor, quemazón u hormigueo en la piel de los labios o cerca de la boca, seguida de un enrojecimiento. Como continuación de este proceso inicial, se forman unas vesículas pequeñas y llenas de líquido claro. A partir de aquí, empieza la fase final, se secan las vesículas y aparece una costra amarillenta que, en última instancia, cae. El
causante del herpes labial es un virus que se transmite por
contacto directo de persona a persona. El contagio también
puede producirse a través de objetos contaminados
como los que se utilizan para comer y beber. En
general, este tipo de lesiones de herpes labial desaparece espontáneamente
después de una o dos semanas, pero puede reproducirse varias veces a lo
largo de la vida de forma más o menos crónica. Esta infección puede ser
grave y peligrosa si se presenta en los ojos o cerca
de ellos, o en personas inmunodeprimidas en las que puede extenderse
fácilmente la infección. Una
vez pasada la primera infección herpética, el virus permanece en el interior
del organismo en estado latente, hecho que permite la posibilidad de una
reactivación cuando se dan las condiciones apropiadas para su desarrollo
y, por tanto, la reaparición de las lesiones locales características.
Hay personas con una predisposición especial a presentarlo, y determinadas
circunstancias pueden reactivar con mayor facilidad el virus. Los
motivos más frecuentes que pueden reactivar el virus son, entre otras,
situaciones de estrés, fiebre causada por una enfermedad infecciosa o
la menstruación. Otro de los factores
causantes de estas reactivaciones es la exposición
prolongada al sol, no sólo en verano, sino también durante
el invierno, como puede ocurrir en las personas que en esa época van a
la montaña a esquiar. Dado
que el herpes labial está provocado por un virus que se encuentra en estado
latente en el propio organismo, la prevención
no siempre es posible, pero pueden adoptarse algunas medidas
para minimizar los brotes y abreviar la duración
de la erupción, reduciendo las molestias. En este sentido, es importante
reducir las situaciones de estrés para evitar reapariciones, así como
lavarse frecuentemente las manos durante una exacerbación de
la infección, ya que una higiene adecuada puede eliminar el riesgo de
propagar la infección hacia otras áreas del cuerpo como, por ejemplo,
los ojos. Una
medida de prevención para los esquiadores consiste en la aplicación de
pantalla solar en los labios y alrededores. Las
molestias normalmente disminuyen con aplicaciones locales de antisépticos
y astringentes o pomadas antivíricas, sobre todo si se inician
antes de que se formen las vesículas. En caso de padecer recurrencias frecuentes,
consulte el problema con su farmacéutico.
|
||
|
|
Consejos:
|
||
|
Autor:
|