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Claves
para una dieta baja en sodio |
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El
sodio es un mineral necesario para el organismo que se encuentra presente
de forma natural en la mayoría de los alimentos, y que también se añade
voluntariamente a la comida como salazón, conservante y potenciador del
sabor. El sodio, en una dieta baja en sal, se acostumbra a medir en miligramos. Asimismo, la forma más comúnmente usada del sodio es la sal de cocina, que contiene un 39% de sodio. Es decir 1.000 mg de cloruro sódico, sal común, contienen 390 mg de sodio, cuyo símbolo es Na, tal y como se puede encontrar en las etiquetas de los alimentos. En ocasiones, los términos de sodio y sal se confunden, e inducen a error. Una cucharada pequeña de sal de cocina proporciona 2.300 miligramos de sodio. Según ello, la ingesta diaria habitual de sodio oscilaría entre 4.000 y 6.000 mg de sodio. Sin embargo, sería recomendable no sobrepasar los 3.000 mg de sodio al día. En caso de ser necesaria una dieta baja en sodio (hiposódica), con 1.500 ó 2.000 mg al día sería suficiente; esto equivale a 5.000 mg (= 5 gr) de sal común al día. Igualmente,
debe vigilarse el excesivo consumo de embutidos, alimentos en conserva,
aperitivos salados y platos preparados, ya que éstos pueden aumentar la
ingesta de sodio hasta 10.000 mg diarios. El exceso de sodio provoca, en ocasiones, retenciones de líquidos en el organismo que pueden provocar edemas, y un aumento del trabajo del corazón y de los riñones con el consiguiente aumento de la presión arterial. Asimismo, la restricción de sodio puede producir en ocasiones unos efectos parecidos a los producidos por los diuréticos, y un descenso en la presión arterial. Sin embargo, no todos los hipertensos responden a la dieta baja en sal, aunque en general, efectivamente, una amplia mayoría así lo haga. Cabe destacar que el descenso de la presión arterial reduce notablemente el riesgo de padecer enfermedades del corazón. |
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Consejos:
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