La principal ventaja de la automedida es la posibilidad de ofrecer una imagen más amplia de los valores de la presión que la que se tiene cuando sólo se mide en el consultorio.
Una de las aplicaciones prácticas del procedimiento, además de aquellos casos en que por condicionantes geográficos o socio-laborales haya dificultades para acudir a los controles habituales, es poder identificar a aquellas personas que en presencia del médico presentan una reacción de alarma que les aumenta la presión arterial, con lo cual o bien son diagnosticados erróneamente de hipertensos, o se les considera como mal controlados cuando realmente fuera del ambiente del consultorio sus cifras de presión son normales.