Además de disponer del instrumento de medida adecuado, se precisa un corto período de entrenamiento, que depende mucho del tipo de aparato que se vaya a utilizar, y un espacio adecuado para llevar a cabo las mediciones.
Cuando se utiliza un aparato de medida clásico, del tipo de la columna de mercurio o el esfigmomanómetro anaeroide, que se basan en la auscultación de los ruidos de la presión con el fonendoscopio, técnicamente el procedimiento es más difícil y requiere un mayor entrenamiento y habilidad personal.
Con los modernos aparatos electrónicos, el procedimiento es más sencillo, motivo por el que cada vez están ganando más aceptación. Conviene tener en cuenta que no todos los aparatos electrónicos son apropiados. Para poder fiarnos de los resultados obtenidos, la presión se debe medir con un modelo que esté validado, es decir, que su fiabilidad haya sido comprobada mediante comparación con una columna de mercurio bien calibrada.
La automedida de la presión requiere, además del aparato de medida, disponer del tiempo y el espacio adecuados para llevarla a cabo.
Las tomas rápidas de presión, que no van precedidas de un período de reposo previo de al menos 5 o 10 minutos, no efectuadas en un ambiente tranquilo y silencioso, suelen proporcionar resultados muy variables que inducen a confusión.