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Para no crear resistencias a los medicamentos Actualmente disponemos de medicamentos eficaces para curar muchas, por no decir casi todas, las enfermedades infecciosas, pero corremos el riesgo de perder estos valiosos medicamentos y la oportunidad de llegar a controlar alguna de estas mismas enfermedades como consecuencia de su resistencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya ha alertado sobre la progresiva pérdida de actividad de medicamentos que en su momento fueron o incluso siguen siendo eficaces. En los países desarrollados, los más ancianos aún pueden referirnos cómo enfermedades como la tos ferina, la gripe o la difteria ocasionaron la defunción de algún familiar o conocido. Aún hoy, en muchos países en desarrollo, una infección banal, que aquí se superaría sin dificultad, puede conducir a la muerte. Apenas pocos años después de la salida de la penicilina, ya empezaron a observarse resistencias a determinados microorganismos. Pronto se descubrió que los microorganismos patógenos adquieren la resistencia por un proceso de selección natural. Cuando una población de microorganismos se halla expuestos a un antibiótico, mueren todos los gérmenes sensibles a él, pero sobreviven los resistentes, que son capaces de transmitir esta resistencia a sus descendientes. Casi el 70% de las enfermedades respiratorias son resistentes a uno de los antimicrobianos utilizados con mayor frecuencia. Asimismo, también se está desarrollando resistencia a los microorganismos que causan enfermedades diarreicas, la tuberculosis está cobrando nuevo auge y el paludismo está reapareciendo en zonas antes consideradas exentas. Con el SIDA, también el virus se hace resistente a uno o más de los fármacos utilizados para combatirlo.
Cuando se presenta resistencia a un medicamento debe empezarse otro tratamiento, o bien probar una combinación de fármacos o usar niveles más altos del medicamento, para evitar que el microorganismo se reproduzca. En cualquier caso, seguir aumentando las dosis de medicamentos no resulta posible, porque la administración de dosis más altas conlleva, en la mayoría de los casos, un riesgo mucho mayor de presentar efectos secundarios. Las causas que fomentan la aparición de resistencias son varias y diferentes según los entornos. En los países más pobres, la utilización irregular, ya sea de las dosis o de la duración de tratamientos, fomenta la aparición de resistencias: los pacientes que no terminan la totalidad del tratamiento permiten que los microbios más resistentes consigan sobrevivir y multiplicarse. Sin embargo, en los entornos más prósperos, el uso de medicamentos en situaciones que no los requerían contribuye a aumentar igualmente la denominada farmacorresistencia. No siempre se puede disponer de un nuevo medicamento para reemplazar a aquellos que pierden la eficacia, ya que la investigación no puede garantizar a corto plazo el desarrollo de un nuevo fármaco. La OMS recomienda el uso responsable para asegurar que los antibióticos sigan siendo eficaces. Los pacientes deben conocer la importancia de cumplir con el régimen prescrito para evitar en lo posible las resistencias. La intervención de los farmacéuticos a través del consejo asistido es una premisa básica para facilitar el grado de cumplimiento. Asimismo, es fundamental terminar el tratamiento sin abandonarlo antes, así como conocer la utilidad de los antibióticos y cómo deben y no deben emplearse, para ser conscientes de su uso cuando sea necesario y evitarlos cuando no lo sea.
Consejos:
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Autor:
Centro de Información del Medicamento.
Col·legi de Farmacèutics de Barcelona. |