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Consumo
de drogas y conducción de vehículos En un número muy elevado de accidentes de tráfico está presente como elemento determinante el consumo de alcohol y otras drogas. Para decirlo con cifras: en Europa mueren cada año cerca de 57.000 personas al verse involucradas en accidentes de tráfico en que el alcohol se presenta como elemento determinante. Son
muchas las campañas de sensibilización que se han efectuado: campañas
informativas, disuasorias e incluso coercitivas. Sin embargo, a pesar
de estas acciones, sigue existiendo un problema
importante de mentalización y concienciación de muchos ciudadanos
respecto a dichas situaciones de riesgo. El
alcohol, al igual que otras
drogas depresoras del sistema nervioso -como son el cannabis,
los opiáceos (heroína, morfina, metadona), el éxtasis líquido o los tranquilizantes
(ansiolíticos, hipnóticos)-, disminuye enormemente
la capacidad de reacción del individuo, la capacidad de concentración
y los reflejos. Esto se traduce en situaciones de riesgo durante
la conducción, tanto para el conductor y los ocupantes del vehículo como
para el resto de vehículos y personas que circulan por las inmediaciones. En
cuanto a sustancias estimulantes como
las anfetaminas, la cocaína o el éxtasis, es evidente que también suponen
un riesgo importante para la conducción. El consumo de estas sustancias
puede producir una falsa sensación de control,
de disminución de la fatiga y de disminución del sueño. Sin
embargo, es una percepción equivocada que puede traducirse en descoordinación,
reflejos minimizados y problemas visuales y auditivos, todo ello acentuado
si se mezclan con otros tipos de sustancias. Otro
grupo importante a tener en cuenta sería el de las drogas
alucinógenas: hongos, LSD y ketamina, entre otras. Son sustancias
capaces de producir alucinaciones, cambios de
percepción de la realidad o visiones imaginarias, y que dependen
mucho del estado de ánimo de la persona que las consume, acentuando un
posible malestar o un problema psicológico, puntual o pasajero. En resumen, podemos afirmar que el consumo de cualquier droga puede influir negativamente en la capacidad de control y reacción cuando una persona está conduciendo. El alcohol es la sustancia que más protagonismo adquiere, y alrededor de la cual se estructuran la mayoría de las campañas preventivas, pero es importante informar de la situación de enorme riesgo que se adquiere cuando se conduce bajo los efectos de cualquier otra droga. Los controles de alcoholemia sirven para disuadir a muchas personas a la hora de coger el coche después de haber bebido alcohol, y aún se valora más la posible sanción que la propia seguridad personal y de los que nos rodean. Por
lo tanto, si se consume cualquier sustancia -recuerda que no hay consumo
sin riesgo-, debemos planificar y evaluar la posibilidad de trasladarnos
en vehículos conducidos por algún amigo o familiar que no haya consumido
nada, o hacerlo en transportes seguros: transporte público, taxi... Todas
las personas que han sufrido algún accidente de tráfico después de haber
consumido una o más sustancias, seguro que pensaban que controlaban la
situación; que llegarían a casa; que era mejor coger el coche para recorrer
una distancia relativamente corta -cuando se está bajo los efectos
de cualquier sustancia, las distancias se hacen muy, muy largas- que estar
buscando un amigo que les llevara a casa o esperando un buen rato a encontrar
un taxi o al transporte público. Pero a veces ese esfuerzo resulta altamente
rentable y supone no poner en riesgo nuestra vida ni la de los que nos
rodean. CONSEJOS:
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| Autor:Rafael
Borràs Vives. Vocal
de drogodependencias y sida Col·legi de Farmacèutics de Barcelona. |