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| El chupete, tipos y funciones |
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Ya incluso antes de nacer, los niños poseen el reflejo de succión que les va a permitir ingerir alimentos y sobrevivir. Es una de las primeras actividades coordinadas en el neonato, y persiste hasta los dos o tres años. Durante el primer año de vida, le permite básicamente alimentarse, y después también le proporciona tranquilidad y seguridad. El uso del chupete satisface esa necesidad constante de succionar del niño cuando no se está alimentando. Le produce un efecto placentero, ya que le permite descargar tensiones. Es un recurso de gran ayuda en niños con cólicos o llantos inexplicables. En los niños prematuros, donde el reflejo de la succión no está bien establecido por ser muy pequeños e inmaduros, se puede recurrir al uso del chupete para estimular este reflejo, con lo que se consigue que se establezca antes una succión organizada. Los chupetes pueden ser de una pieza o de varias piezas ensambladas. Estos últimos son los más utilizados por ser más atractivos, aunque los más recomendables son los de una sola pieza, por ser más fáciles de limpiar y evitar el riesgo de accidentes por separación de alguno de sus componentes. En
el mercado hay una extensa variedad de chupetes: anatómicos, fisiológicos,
en forma de gota, de cereza, etc.; de látex, de caucho natural,
de silicona o de plástico. No
existe una recomendación clara sobre cuál es mejor; será
el niño quien aceptará o rechazará uno u otro por
cuestión de comodidad. El uso del chupete no
es del todo necesario, porque aumenta el riesgo de infecciones
y malformaciones dentales,
del maxilar o del paladar, aunque las tetinas actuales se adaptan de manera
adecuada al desarrollo bucal del bebé sin interferir en el crecimiento
de los dientes, siempre y cuando no se prolongue demasiado su uso. |
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